El dolor que no se ve, pero se siente

El dolor emocional es la experiencia que surge como respuesta a experiencias y situaciones adversas que todos podemos sufrir como la pérdida de seres queridos o perdidas en general, conflictos, enfermedades, pensamientos autocríticos, entre muchas otras más, el cual puede manifestarse de forma intensa o tenue y persistir desde días hasta meses, afectando la vida de quien lo padece en múltiples ámbitos.

Comprenderlo y abordarlo es esencial ya que no es solamente “una pena pasajera», sino que es el resultado de una respuesta neurobiológica que involucra no solamente a la mente sino también al cuerpo y que afecta de manera muy importante la calidad de vida.

Como se manifiesta el dolor emocional

Hay una amplia gama de manifestaciones del dolor emocional, puede manifestarse en forma de sentimientos como tristeza persistente, aparición de ataques de ira sin que haya motivos aparentes, ansiedad, miedo sin tener claro a que o a quien, culpa o vergüenza entre otros sentimientos desgastantes que son señales probables de dolor emocional.

También puede manifestarse con cambios en el comportamiento con situaciones tan comunes para muchas personas como la dificultad para concentrarse, irritabilidad, aislamiento social, trastornos del sueño o alimentación, que son achacados únicamente al estrés, pero que en realidad se vienen experimentando desde mucho tiempo atrás, son incomodas y tienen repercusiones en la socialización, el trabajo, la familia, etc.

Y la manifestación que sería más fácil de identificar son los síntomas físicos, caracterizados por dolores de cabeza, musculares, fatiga crónica o molestias digestivas las cuales son expresiones comunes de la somatización, es decir, cuando el sufrimiento emocional se “filtra” y se manifiesta en diversas partes del cuerpo.

¿Por qué el cuerpo y la mente sufren al mismo tiempo?

El dolor emocional activa redes neuronales que procesan tanto el dolor físico como las emociones. Investigaciones que se han realizado con estudios de neuroimagen han confirmado que estructuras como la ínsula anterior y la corteza cingulada anterior, son estructuras que se encuentran involucradas en la percepción del dolor físico, pero que también se activan en estados emocionales intensos como la tristeza, la vergüenza o el rechazo social.

Por lo que cuando estamos emocionalmente alterados, esas áreas se sensibilizan y se activan, amplificando tanto el malestar psicológico como las sensaciones físicas, lo cual genera un círculo vicioso que se puede perpetuar y generar un sufrimiento crónico.

El dolor emocional genera un proceso que se ha denominado sensibilización central, en el cual como te comentaba anteriormente, se presenta un aumento de la excitabilidad en las redes neuronales relacionadas con el dolor, tanto emocional como físico.
Se han encontrado alteraciones estructurales en áreas como la ínsula, el hipocampo, la amígdala y la corteza prefrontal ventromedial, en personas que sufren dolor emocional y que presentan síntomas somáticos (frontiersin.org).

Dentro de estos hallazgos se identificaron menores volúmenes en la corteza prefrontal ventromedial y  el hipocampo, relacionándose con un aumento en la somatización y reactividad emocional, especialmente tras eventos estresantes (frontiersin.org).

Todo esto ha llevado a descubrir que el sufrimiento emocional se expresa físicamente sin una causa médica detectable, en estos casos, el aumento de la percepción somatosensorial (hipersensibilidad a molestias físicas leves) se ve potenciado en contextos emocionales adversos.

En un estudio con pacientes que sufrían dolor crónico se encontró que el contexto emocional negativo (tristeza, duelo) intensificaba la activación de la ínsula y del área parahipocampal al experimentar pequeños estímulos dolorosos (pmc.ncbi.nlm.nih.gov).

Impacto en la calidad de vida

El dolor emocional persiste reduce el interés en actividades en general pero principalmente en las gratificantes, genera el aislamiento de la persona que lo sufre y causa desesperanza persistente.

Como lo habíamos mencionado es causante de irritabilidad, y también incrementa la desconfianza de quien lo padece lo cual afecta de manera muy importante sus relaciones en general.

A la larga puede ser causante de deterioro cognitivo ya que por sus características puede generar alteraciones en la memoria, la atención y por consecuencia en la toma de decisiones.

Con todo esto es evidente que puede causar alteraciones en general de la salud de los individuos, aumentado significativamente el riesgo de enfermedades vinculadas al estrés, como la hipertensión arterial, alteraciones del sistema inmune, presencia de insomnio y trastornos ansiosos y depresivos.

¿Qué hacer si identificas que tienes dolor emocional?

Reconocer que estás experimentando dolor emocional no es un signo de debilidad, sino de conciencia y valentía, el siguiente paso es que actúes con responsabilidad emocional, con el convencimiento que este tipo de dolor puede transformarse si se aborda con las herramientas adecuadas.

Aquí te comparto algunas estrategias basadas en evidencia científica y experiencia clínica que te pueden ser muy útiles:

  1. Valida lo que sientes

No minimices, invalides o niegues lo que estas sintiendo, el dolor emocional es tan válido como el dolor de tipo físico, el cerebro no distingue completamente entre dolor físico y emocional, como ya vimos ambos activan redes neuronales similares.

  1. Busca acompañamiento profesional

Un terapeuta especializado puede ayudarte a identificar el origen del dolor, resignificar las experiencias que has vivido y en conjunto desarrollar estrategias de afrontamiento. En los casos de dolor emocional persistente, la intervención terapéutica reduce significativamente la posibilidad de cronificación del sufrimiento.

Terapias como la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), la Terapia Breve Centrada en Soluciones (TBCS), la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y la terapia somática han demostrado eficacia en el tratamiento del dolor emocional.

  1. Practica actividades de higiene emocional
  • Al final del día escribe como te sientes, sin que te critiques, te servirá como una forma de procesar las emociones que estas experimentando.
  • Haz ejercicios de meditación o de respiración profunda para reducir la hiperactividad del sistema nervioso y mejorar la regulación emocional.
  • Muévete, la actividad física no solo libera endorfinas, sino que estimula la neurogénesis (creación de nuevas neuronas) y fortalece el hipocampo, esencial para el manejo emocional.
  1. Conecta con las demás personas

Aislarse lo único que hace es reforzar el dolor, la conexión social activa circuitos cerebrales vinculados al bienestar (como la liberación de oxitocina), lo cual hace que te sientas mejor. Hablar con alguien de confianza, pedir ayuda o simplemente compartir tu experiencia puede ser una actividad que mejore la sensación desagradable que puedes estar viviendo.

  1. Cuida tu cuerpo para sanar tu mente

Dormir bien, alimentarte de manera adecuada y mantener rutinas saludables reduce la inflamación del sistema nervioso y del cuerpo en general que suele acompañar el dolor emocional crónico.
6. Sé paciente contigo mismo

El dolor emocional no desaparece de manera inmediata, es un proceso que requiere amor hacia ti, atención continua y acompañamiento, pero cada paso que des para comprenderlo y atenderlo es un paso hacia tu cura.

Referencias

  1. Price, D. D. (2000). Psychological and neural mechanisms of affective dimension of pain. Science (en.wikipedia.org)
  2. Rosmalen, J. G. M., et al. (2014). Neural correlates of somatoform disorders: a meta-analysis. Cultural Neuroscience
  3. Consoli, A., et al. (2020). Brain structures associated with somatic symptoms and emotional distress. Frontiers in Human Neuroscience (frontiersin.org)
  4. Zhang, J., et al. (2013). Distinct neural responses during sadness and pain. BMC Psychiatry
  5. Verywell Mind (2009). How emotional pain affects your body. (verywellmind.com)
  6. Verywell Health (2022). Somatic trauma therapy. (verywellhealth.com)
  7. Damasio, A. R. (1994). Descartes’ Error: Emotion, Reason, and the Human Brain.
  8. Craig, A. D. (Bud). How do you feel—now? The anterior insula and human awareness. (en.wikipedia.org)
  9. Singh, S. P., & Karkare, S. (2017). Stress, depression and neuroplasticity. arvix (arxiv.org)

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